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DIVINA TV FÜHRER

Hace unos días vi por Crackle una película norteamericana de 1976, llamada "Network" ("red"), rebautizada con abuso de la hipérbole como "Poder que mata" para América Latina y "Network, un mundo implacable" para España. Decir que la película sorprende por su actualidad o que es un filme profético es casi una falta de respeto: las dos últimas décadas de la TV caben con plenitud en esa obra de hace casi cuarenta años, dirigida por Sidney Lumet sobre la base de un guión extraordinario de Paddy Chayefsky, y jerarquizada con actuaciones notables, tanto que nada menos que tres de sus intérpretes ganaron un Oscar por su trabajo en esta película (Peter Finch, Faye Dunaway y Beatrice Straight) y otros dos recibieron nominaciones (el gran William Holden y Ned Beatty). (¡Y además estaba Robert Duvall!). Ahora que la llamada "batalla cultural" se termina por agotamiento, ahora que la TV enfrenta el desafío de Internet y no sale bien parada, no parece el momento ideal para recordar esta película, repleta de momentos sugerentes: razón de más para hacerlo.

El rating, ese sucedáneo catódico del favor de los dioses, estaba siendo cruel con la (ficticia) cadena televisiva UBS, y el editor de los informativos, el veterano Max Schumacher (William Holden) se ve en la obligación de informarle al conductor del noticiero principal y amigo de toda la vida, Howard Beale (Peter Finch) que será despedido y que le quedan dos semanas de aire. En el programa siguiente, en lugar de despedirse tranquilamente, Beale, que es un viudo sin hijos y cuya única vida es su trabajo y ya no tiene nada que perder, anuncia en vivo que en la edición del martes siguiente se suicidará en cámara. Ante la amenaza de ser despedido inmediatamente, acepta disculparse ante la audiencia, pero lo que Beale hace entonces es lanzar una filípica digna de Violencia Rivas, que culmina en la afirmación de que la vida es una "mierda". No tan extrañamente, la catarsis provoca un salto en los ratings, y el flamante presidente de la corporación, un ejecutivo arquetípico llamado Hackett (Robert Duvall) decide capitalizar el nuevo atractivo de Beale, para desesperación de un asqueado Schumacher. El primer editorial del nuevo Beale es convenientemente explosivo, haciendo pie en las frustraciones del norteamericano medio de los años posteriores a Vietnam y Watergate, acechado por la inflación, el desempleo y la inseguridad. (¿Suena familliar?). Beale dice algo así:

"No tengo que contarles yo que las cosas están mal. Todos sabemos que las cosas están mal. Estamos en una recesión. Todos estamos sin trabajo o asustados de perder nuestro trabajo. El dinero no vale nada, los bancos van rumbo a la quiebra, los comerciantes tienen un revólver debajo del mostrador. Los punks cometen desmanes en las calles y nadie parece saber qué hacer, y no se le ve final a todo esto. Sabemos que el aire está contaminado y lo mismo pasa con la comida que comemos, y nos sentamos a mirar televisión mientras un locutor nos dice que hoy hubo 15 homicidios y 63 delitos violentos, como si así debiera ser. Sabemos que las cosas están mal. Peor que mal. Están desquiciadas. Es como si todo se hubiera vuelto desquiciado, y entonces no salimos más a ningún lado. Nos quedamos en casa, y entonces lentamente el mundo en que vivimos se vuelve cada vez más chico, y todo lo que decimos es 'por favor, al menos déjennos en paz en nuestro living. Déjenme tener mi tostadora y mi televisor y mis [neumáticos] radiales de acero y no diré nada. Sólo déjennos en paz'. Bueno, no voy a dejarlos en paz. ¡Quiero que enloquezcan! No quiero que protesten, No quiero que armen lío, no quiero que le escriban a su congresista porque no sé qué pedirles que le escriban. No sé que hacer con de la recesión, la inflación, los rusos, el crimen en las calles. Todo lo que sé es que primero ustedes tienen que perder la cabeza. Tienen que gritar '¡soy un SER HUMANO, maldita sea! ¡Mi vida tiene un VALOR!' Entonces quiero que se paren ahora, quiero que todos ustedes dejen sus sillas. Quiero que se paren ahora mismo y vayan a sus ventanas. Ábranlas, saquen la cabeza y griten '¡ESTOY LOCO COMO UNA CABRA Y NO VOY A SOPORTARLO MÁS!' Las cosas tienen que cambiar. Pero primero ¡tienen que perder la cabeza! Tienen que decir '¡estoy loco como una cabra y no voy a soportarlo más!' Entonces veremos qué hacemos con la recesión y la inflación y la crisis energética. Pero primero salten de sus sillas, abran las ventanas, saquen sus cabezas y griten, y digan '¡ESTOY LOCO COMO UNA CABRA Y NO VOY A SOPORTARLO MÁS!'"

En el momento culminate, Beale logra que millones de personas se asomen a las ventanas de sus hogares (todavía no se habían inventado ni Twitter ni Facebook) y griten con él "¡estoy loco como una cabra, y no pienso soportarlo más!" Y sin necesidad de hypear cacerolas ni poner suecas con poca ropa...

Mientras tanto, Diana Christensen (Faye Dunaway) es la nueva encargada de programación del canal, y en la búsqueda de un éxito, llega a un acuerdo con una banda de improbables terroristas de ultraizquierda, que demuestran la imposibilidad de superar el capitalismo por el absurdo, para lanzar una especie de reality show (¡en 1976!) llamado "La Hora de Mao Tse Tung". Cuando los ratings de Beale dejan de subir, porque sus invectivas dejaron de ser la novedad bizarra de la semana y no dan ni para consumo irónico, Christensen convence a Hackett de que le deje hacerse cargo del noticiero, lo que ocasiona la renuncia de Schumacher, que mientras tanto ha comenzado a vivir un romance con... Diana Christensen.

Pronto Beale es la estrella de un nuevo programa llamado "The Howard Beale Show", y es presentado como "el profeta loco de las ondas". El show pasa a ser el programa más visto en todo Estados Unidos, y Beale se convierte en un héroe del ciudadano promedio gracias a su catártico mensaje, vomitado poco menos que en trance místico. Mientras tanto Max, que ha abandonado a su esposa (la Straight) tras 25 años de matrimonio, encuentra insoportable la devoción de Christensen por su trabajo y su absoluta aridez emocional, y entonces pone fin a su romance otoñal. Al despedirse de Diana, le advierte a su ahora ex amante que terminará autodestruyéndose. En un momento en que se hace evidente de un modo algo burdo el carácter alegórico del romance, Max dice "eres la televisión encarnada, Diana, indiferente al sufrimiento, insensible al placer. Reduces toda la vida a los escombros de la banalidad". (Una de las pocas fallas del filme, aquí Chayefsky parece menos guionista que ventrílocuo).

(A la derecha, otro de los monólogos de Beale, subtitulado. Sabroso es poco. Al final se desmaya, como si estuviera transmitiendo una revelación divina, casi como un profeta montanista).

Cuando Beale descubre que la empresa que controla UBS va a ser adquirida por una corporación saudita aún mayor, arremete en vivo contra el arreglo, animando a los televidentes a enviar telegramas a la Casa Blanca pidiendo el rechazo del acuerdo. Esto provoca el pánico de la cúpula de la cadena, ya que ese acuerdo es la única salida para evitar la quiebra de UBS. Hackett lleva a Beale a encontrarse con el máximo ejecutivo de la cadena, Arthur Jensen (Ned Beatty) quien le explica en términos dramáticos y muy expresivos su propia cosmovisión a un Beale alelado, en las últimas de su cordura. Jensen persuade a Beale a abandonar su populismo catódico y a predicar su nuevo "evangelio" corporativo, con estas palabras increíbles para, repito, 1976:

"¡Usted se ha metido con las fuerzas básicas de la naturaleza, señor. Beale, y no voy a permitirlo! ¿Está claro? Usted piensa que meramente ha estropeado un negocio. ¡No es así! ¡Los árabes se llevan miles de millones de dólares de este país, y ahora deben traerlos de nuevo! ¡Es flujo y reflujo, mareas de gravedad! ¡Es un balance ecológico! Usted es un hombre viejo que piensa en términos de naciones y pueblos. No hay más naciones. No hay más pueblos. No hay más rusos. No hay más árabes. No hay más Tercer Mundo. No hay más Occidente. Sólo existe un único sistema holístico de sistemas, un vasto e inmanente entretejido interactivo, un dominio multivariante y multilateral de dólares. Petrodólares, electrodólares, multidólares, marcos, yenes, libras, shekels. Es el sistema internacional de divisas, que determina la totalidad de la vida en este planeta. Éste es el orden natural de las cosas hoy. ¡Ésta es la estructura atómica y subatómica y galáctica de las cosas hoy! Y USTED se metió con las fuerzas básicas de la naturaleza, y USTED... VA A... ¡EXPIARLO! ¿Estoy haciéndome entender, señor Beale? Usted en un pequeño 21 pulgadas aullaba acerca de América y la democracia. No hay más América. No hay más democracia. Sólo existen IBM, e ITT, y AT&T, y DuPont, Dow, Union Carbide, y Exxon. Esas son las naciones del mundo hoy. ¿De qué piensa que hablan los rusos en sus consejos de estado, de Karl Marx? Consideran sus gráficos de programación lineal, sus teorías estadísticas de decisión, sus soluciones minimax, y calculan las probabilidades de costos y beneficios de sus transacciones e inversiones, igual que hacemos nosotros. Ya no vivimos en un mundo de naciones e ideologías, señor Beale. El mundo es un conjunto de corporaciones, inexorablemente determinadas por las leyes inmutables de los negocios. El mundo es un negocio, señor Beale. Y ha sido así desde que el hombre salió arrastrándose del fango. Y nuestros hijos vivirán, señor Beale, para ver ese... mundo perfecto... en donde no habrá guerra ni hambre, ni opresión ni brutalidad. Una vasta y ecuménica corporación, para la cual todos trabajaremos para servir al bien común, y en la cual todos tendremos una participación accionaria. Todas las necesidades cubiertas, todas las ansiedades tranquilizadas, todos los aburrimientos entretenidos. Y yo lo he elegido a usted, señor Beale, para predicar este evangelio (...) porque usted está en la televisión, tonto. Sesenta millones de personas lo miran a usted cada noche de la semana. De lunes a viernes".

El final no será contado aquí, pero podemos decir que involucra una mala reacción del público ante este nuevo mensaje de Beale, una decisión de la cadena de matar dos pájaros de un tiro... literalmente, y la participacion estelar de los terroristas bajo contrato. Recomiendo ver esta película, siquiera por su valor arqueológico y profético, una demostración más del poder del arte para describir el mundo en que vivimos... e incluso el mundo en que viviremos.

 

Aquí va el vínculo a la página correspondiente de la película en IMDb en español

 

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